Singapur – Día 4: Habemus piso

16Oct11

Último día en el hotel. Más allá de lo accidentada que fue la búsqueda de piso, entre lo feo de los primeros y lo lleno del tercero, podría decirse que fue bastante rápido el proceso. Cosa buena porque así pasé pocas noches en el hotel y me ahorré el dinero.

A la mañana siguiente descubrí que el aire no se había regulado, simplemente estuvo apagado. ¿Cómo me di cuenta? Fácil, al despertarme hacía calor. La temperatura agradable de la noche anterior simplemente eran rastros de cuando estuvo encendido.

Como hice el check-out en la mañana me tocó cargar con la maleta hasta la oficina, lo que incluía pasarla por el autobús y el metro. Al entrar al metro me la hicieron abrir por seguridad. Parece que lo de las previsiones por bombas se lo toman muy en serio. Y debo darles crédito. Tengo cara de turista perdido y además cargaba una maleta grande negra que no quise pasar por la entrada principal (en donde estaban los guardias) sino que fui al otro extremo. Aunque la razón fue porque allá era la entrada para silla de ruedas y por lo tanto era más cómodo pasar la maleta. Supongo que me vi sospechoso.

El día fue bastante estándar así que no hay mucho que contar. Bueno, descubrí que en el piso 14 del edificio hay una sala común donde la gente que lleva comida va a almorzar. El piso incluye una mesa de pool y una zona mirador con sofás y telescopios (tipo los que metes monedas pero gratis) para mirar por la ciudad. Estuve toda el día en la oficina y al final mi tutor se ofreció a darme la cola hasta el edificio donde me quedaría. Muy pana el tutor. Conocí a su esposa y a la hija menor, que estuvo todo el viaje dormida. Al parecer estuvo caminando todo el día y ya estaba cansada. Pensé que era tranquilita pero en menos de 24 horas me daría cuenta de lo equivocado que estaba.

En el viaje camino al edificio me contaron que la mayoría de ellos son subsidiados por el gobierno. Los más viejos sí son feos (como los dos primeros que vi) pero los nuevos son muy bonitos. Con jardines entre las urbanizaciones y canchas deportivas. La vivienda es un asunto muy serio en Singapur pues al ser isla no hay mucho donde construir y todo resulta muy caro.

Los dejo con mis típicas fotos de lo que voy comiendo. Aún no he paseado así que les sigo debiendo ciudad. El almuerzo no lo hice en la feria de comida del edificio de la oficina sino en otro centro comercial, pues tuve que ir a cambiar euros para pagarle al dueño el primer mes de alquiler. Esta vez sí fue solo con palitos. La cosa de la esquina era como un pudín salado y caliente que no me gusto. Lo demás era conocido: salmón, pollo teriyaki y arroz.

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